Sobre Lito Schoknilk por Dr. Nicolás Zavadivker

El Adiós a un Gran Maestro: Lito Schkolnik


[SEPA/Diario El Peso-Argentina] Samuel Schkolnik, “Lito” para los allegados, fue un destacado y muy querido filósofo y profesor de Filosofía nacido en San Miguel de Tucumán en 1944 y fallecido en la misma ciudad el pasado 17 de setiembre, a los 66 años. Estaba a cargo de las cátedras de Ética e Historia de la Filosofía Contemporánea, ambas materias de la carrera de Filosofía de la Universidad Nacional de Tucumán, institución en la que también se había recibido de profesor de Filosofía y se había doctorado en la misma disciplina.

Es difícil [si no imposible] identificar sus ideas con una única corriente filosófica. Nos limitaremos a decir que sentía una cierta predilección [casi sentimental] por la tradición racionalista moderna [Descartes, Spinoza, Leibniz], a la vez que aceptaba el pesimismo lúcido de Schopenhauer y tenía una imagen pobre de la mayor parte del género humano.

Dominaba a los clásicos de la sociología y utilizaba con destrezas sus teorías a la hora de escudriñar la realidad social. Ni la ciencias humanas ni las naturales le eran ajenas, y podía resolver ejercicios matemáticos con entusiasmo pitagórico. Tenía también un conocimiento profundo de literatura y se consideraba escritor. En ese plano, se advierte en su obra el influjo de Jorge Luis Borges.

Schkolnik era una persona noble y de espíritu generoso, sensible a los problemas de los demás. Tenía una personalidad tímida y más bien solitaria. Pero cuando se decidía a hablar era difícil no quedar encantado con el poder seductor de su palabra, por la potencia y profundidad de su pensamiento, siempre dirigido a lo esencial; y hasta por la estética de su decir, que combinada la claridad con una ironía fina y sutil, que despertaba sonrisas de complicidad.



Su notable precisión en el uso de las palabras y su lucidez a veces llegaban a inhibir a su eventual conversador, que muchas veces se limitaba a disfrutar en primera fila el espectáculo de contemplar a un filósofo discurriendo en vivo.

Disponía de un hablar más bien modoso y pausado, que contrastaba con la rapidez en que se sucede todo en nuestros tiempos.

Ese ritmo en verdad traducía la velocidad a la discurría su pensamiento. Es decir: cuando hablaba, fuera en sus clases, fuera en conversaciones privadas, lo que hacía era pensar en voz alta.

Así, en sus clases, a las que asistí durante varios años seguidos, advertí que Lito Schkolnik nunca repetía las ideas de un autor sin pensarlas nuevamente, sino que reconstruía algún hilo de su pensamiento cual si fuera, por caso, el propio Kant o Wittgenstein.


Por ello sus clases, siendo siempre admirables, también eran siempre distintas; ya que el hilo de la conciencia teje cada vez nuevas asociaciones, al menos en alguien que [como Lito] estaba siempre pensando y no meramente repitiendo. La sensación de sus alumnos era la de estar frente a los propios Kant o Wittgenstein, ya que respondía las preguntas o cuestionamientos desde dentro del universo de los propios autores y lo hacía con destreza y con todo el poder de los conceptos.

Llegó a legarnos cuatro excelentes libros. El primero, de 1983, es un volumen muy personal de aforismos filosóficos llamado Algunas claves. Para ofrecer un pantallazo del mismo, me permito seleccionar casi al azar cinco de esos aforismos:

* “De lo que se trata es de interpretar al mundo, no de transformarlo”

* “Hay dos clases de personas: las que defienden lo que es suyo y las que defienden lo que es bueno. Las primeras forman la inmensa mayoría de la gente”.

* “Algunos creen que hablan en nombre de todos. Y muchas veces están tan convencidos, que todos se convencen de que hablan por boca de algunos”.

* "Suele creerse que la mayor parte de la gente es incapaz de pensar abstractamente, y que la abstracción es característica de las inteligencias poco comunes. Pero todo el mundo vive preso de las ideas abstractas, y en ello radica buena parte los males del género humano"

* “El mundo es el conjunto de cosas a las que nos resignamos”

Su segundo libro fue Tiempo y sociedad, resultado de su tesis de doctorado en Filosofía, publicado en 1996. Allí vuelve sobre el clásico problema filosófico que suscita la experiencia del tiempo, proponiendo un original tratamiento del tema consistente en examinar el tiempo en sus aspectos sociales, abordaje que resulta ser relevante para el esclarecimiento de fenómenos tales como la representación, la memoria colectiva y la cohesión social.

En 2001 edita su única novela, titulada Salven nuestras almas, publicada por la Editorial Vinciguerra. En ella se revive parte de la historia argentina intercalada con escritos filosóficos [generalmente vinculados al problema del sentido de la vida] de un personaje literario llamado “González”. También se anticipa el caos al que se dirigía la Argentina, premonición que llegó a ser cierta pocos meses después, en diciembre de 2001.

Finalmente a fines del año pasado se publica Parker 51, una compilación de valiosos escritos de Schkolnik que permanecían sueltos, tanto inéditos como publicados en el Suplemento Literario del diario La Gaceta de Tucumán, del que fue colaborador por casi cuarenta años.



Allí se combinan textos muy breves tanto ensayísticos como de ficción. Las cuestiones tratadas son tan variadas que sólo puedo enunciar unas pocas: desde temas más o menos clásicos como la felicidad, la dignidad y la amistad hasta cuestiones singulares o incluso extravagantes como una defensa de la máquina de escribir, una bienaventuranza de la mortadela y una mirada irónica sobre la prohibición de fumar en lugares cerrados.

Posiblemente sus ideas y sus formas [unas y otras lejanas a los modos académicos dominantes de los últimos tiempos] conspiraron para que su figura no trascendiera a nivel nacional, ámbito en el que en general no llegó a ser suficientemente conocido. También sus propias decisiones conspiraron en este sentido. Así, por ejemplo, aunque dominara con profundidad el pensamiento de muchos autores; a la hora de escribir nunca lo hacía sobre ellos, sino que se ocupaba directamente del mundo, esbozando ideas propias.

No quería ser un especialista sino un filósofo. En términos generales no se sentía cómodo exponiendo trabajos en congresos y en sus últimos años decidió abstenerse de hacerlo, salvo que fueran en su propio Tucumán, donde un cierto público seguidor acudía entusiasta a escucharlo y esperaba de él algunas claves.

Entre quienes componían ese público, hoy comienzan a florecer numerosos homenajes en diversos ámbitos: desde la reedición en camino de dos de sus libros hasta la presentación póstuma de “Parker 51”, desde una instalación artística con objetos que remiten a su figura hasta un documental sobre su vida y obra filosófica, desde la publicación de su obra inédita hasta la de un volumen de homenaje sobre sus ideas.

Existe además desde varios meses antes de su fallecimiento una página web en su homenaje, en la que se difunden sus escritos [que los usuarios comentan con avidez] y otros materiales relativos a su persona [fotografías, videos, etc.].

Tengo el orgullo de ser uno de los administradores de esa página, que surgió por iniciativa de uno de sus estudiantes, y que Lito llegó a conocer, completamente gratificado [pero antes de ello sorprendido] por el cariño de sus seguidores. En su humildad, le costaba creer que su magisterio había dejado tantas huellas.

Sobre Lito Schoknilk por Dr. Nicolás Zavadivker

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