Carlos Morales del Coso

Imagen escritores: 
Carlos Morales
La mujer dormida





Fuego toco y boca
me aplasta la humareda
ese gesto intenso de sus hombros
cuando duerme y todo
es
silencio blanco
instantes derramándose hacia el fondo
del mundo
la luz por la ventana

Yo pongo lo preciso
dialogo en voz baja
me arrastro tras el tacto como un ciego
soy un manantial de vino sólo
que corre mientras duerme
sobre sábanas rojas y rasgadas
y fluye hacia su voz
lentamente
ola alejándose

Y yo no sé qué hacer

con el rumor
de todas estas rosas



De su libro 
El Libro del Santo Lapicero,
El Toro de Barro
Tarancón de Cuenca, 2000.








Carlos Morales del Coso




Carlos Morales (Tarancón de Cuenca, España, 1959) es autor, como poeta, de Palabras de Tierra y Vino (1982), S (1984), Un rostro en el jardín (2000, Premio Luis Ríus de poesía), El Libro del Santo Lapicero (2000, Premio Juan Alcaide de Poesía), Salmo (2005) y, en italiano, Il tridente nel giardino (2000).
Su poesía, traducida a numerosos idiomas, ha sido recogida por Miguel Casado en la antología Mar interior (2002). Colabora con algunos medios de comunicación como crítico literario. Es autor de la que, según la crítica literaria, es –con la del también conquense San Juan de la Cruz– la versión más hermosa del El Cantar de los Cantares. Interesado por los maestros del «postismo» y del «realismo mágico», ha estudiado y prologado la obra poética de Federico Muelas (Poesía Secreta) y de Carlos de la Rica (Canto de la creación). Ha antologado la obra de poetas árabes y hebreos que trabajan por la reconciliación –Coexistence (2002)–, con cuya causa está comprometido.
Ha codirigido con el poeta Juan Ramón Mansilla el suplemento cultural «El juglar de la Frontera», y la revista Hilos de Araña. También fue responsable de dos programas de televisión -«La puerta » y «El suelo perdido». Desde 1997 es director de la editorial conquense «El Toro de Barro» –la segunda más antigua de España vinculada a la poesía– y de los «Cuadernos del mediterráneo», al tiempo que codirige con la poeta hebrea Margalit Matitiahu la colección «Kuadrinos sefardíes» y con el poeta austriaco Jaime Vándor –hasta su muerte– la «Biblioteca Internacional del Holocausto». A día de hoy, ultima una antología de la poesía de la Shoa, que será la primera del mundo en este campo.





Libros del autor en esta editorial: Coexistence; versión de El Cantar de los Cantares; Un rostro en el jardín; Salmo.
Artículos (aquí ) y Entrevistas (aquí)
Reseñas de su obra: El Cantar de los Cantares


“El genocidio judío no tuvo su origen en el pensamiento cristiano, pero las ideas que lo hicieron posible sin ese sustrato que dejaron más de dos mil años de un cristianismo basado en una lectura evangélica muy estrecha, de la muerte de Jesús de Nathareth”
l poeta español Carlos Morales (Tarancón de Cuenca, 1959) desde 1997 dirige El Toro de Barro, una editorial fundada por el también poeta Carlos de la Rica en 1965 y que, a día de hoy, es la segunda colección en activo más antigua de la literatura española. En el año 2000 fundó con la escritora israelí Margalith Matitiahu la colección Kuadrinos Sefardíes, y con el poeta húngaro y superviviente del campo de concentración de Theresientdath Jaime Vándor los Cuadernos del Holocausto. En su amplia colaboración en prensa como columnista y crítica literaria, se ha mostrado como un activista de verbo acerado en la denuncia de los mitos religiosos y culturales que fundamental los totalitarismos, y a favor de la reconciliación entre árabes e israelíes; en este sentido, en el año 2002 logró algo que parecía imposible, editando en un solo volumen -Coexistence, 2002, 2ª edción- una antología de tres poetas árabes y tres poetas israelíes, dando una señal inequívoca de que, al menos en el terreno de la cultura, ambos mundos están por entenderse. En el año 1997 fundó, en el periódico El Debate de Cuenca y con el poeta Juan Ramón Mansilla el suplemento cultural El juglar de la Frontera, y, también con él y en 2010, la revista Hilos de Araña. También dirigió en la televisión de Tarancón-Castilla La Mancha el programa El suelo perdido, por el que pasaron personalidades muy relevantes de la cultura y de la política española. Como poeta, su obra, que ha sido traducida a varios idiomas, no es muy larga: Palabras de Tierra y Vino (1982), S (1984), Un rostro en el jardín, (2000, Premio Luis Ríus de poesía), El Libro del Santo Lapicero (2000, Premio Juan Alcaide de Poesía), Salmo (2005) y, en italiano, Il tridente nel giardino (2000). Es autor, además, de la que, según la crítica literaria especializada es –con la del también conquense Fray Luis de León– la versión más hermosa del El Cantar de los Cantares. Interesado por los poetas menos conocidos de la poesía española de vanguardia, ha estudiado obra poética de Federico Muelas (Poesía Secreta) y de Carlos de la Rica (Canto de la creación). Entre sus proyectos de realización más inminente, destaca la elaboración –ya ultimada– de una antología de la poesía del Holocausto, y la edición de los poemas del tlatoani azteca Nezahualcóyotl y del Canto al Sol del faraón egipcio Akenathón.

-Carlos bienvenido a Globedia Internacional, un verdadero honor y placer me concedieras esta entrevista, a pesar de llevar una agenda tan complicada. Mil gracias mí estimado amigo por dedicarme unos minutos de tu tiempo

1.-Parece que literatura y compromiso están estrechamente vinculados en su obra.

R.-Bueno, aunque son caminos independientes el del uno y el de la otra, es inevitable que a veces se crucen en algún lugar de mi trayecto personal.

2.-En lo que toca al conflicto árabe israelí, parece que el vínculo entre ambos está meridianamente claro.

R.-Es evidente, sí. Como editor sí he dado algunos pasos en el sentido de abrir espacios de colaboración entre culturas y sociedades sobre las que los mitos religiosos y nacionales están ejerciendo una enorme presión destructiva. Pero he dado esos pasos procurando mantener intacto un criterio de calidad literaria. Lo que quiero decir es que, si poetas como los israelíes Margalith Matitiahu o Nathán Yonathán, o árabes como Shamer Khair, Mohamed Ali Taha o Naim Araidy –a quien desde aquí quiero felicitar por su nombramiento como embajador en Suecia– entraron a formar parte de Coexistence, no fue sólo porque fueran protagonistas activos de la reconciliación entre esos dos pueblos condenados a entenderse, sino porque, además de ello, eran y siguen siendo poetas realmente extraordinarios.

3.-Otro “territorio” -como Ud. dice- en el que como editor está plantando cara es en el de la memoria del Holocausto. Por qué ese combate? Es Ud. judío?

R.-No, soy agnóstico pero tremendamente respetuoso con el fenómeno religioso. Yo empecé a trabajar en la poesía de la Shoa mucho antes de saber que era heredero de una familia judía española que decidió, supongo que en el siglo XV y para evitar su expulsión, convertirse al cristianismo. Y si mi metí en ese “fregado” fue por una sola razón: mi convencimiento de que el principal enemigo de la humanidad siguen siendo las visiones totalitarias del mundo, ya sean las basadas en las razas, o las fundamentadas en la religión, o las cimentadas en la conciencia de clase o en los sentimientos nacionales.

4.-Ud. ha escrito reiteradamente que “no ha habido civilización que no haya tenido su genocidio”. ¿Quiere eso decir que, en su opinión, el Holocausto judío ha de ser valorado como otro genocidio más en la historia de la humanidad?

R.-No conozco ninguna civilización libre de “pecado”. Durante el siglo XX, por ejemplo, se dieron varios genocidios. La civilización musulmana acabó, en Turquía, con un millón y medio de armenios En Camboya, y fundamentado en el mito de los valores presuntamente sagrados de la juventud y del comunismo agrario, fueron exterminados más de dos millones de personas. En un país como Ruanda, de la órbita cultural africana, fueron asesinados con machetes cerca de millón y medio de tutsis, sobre la base de diferencias raciales, económicas y religiosas. En la Rusia soviética, ochenta millones de personas perdieron su vida por motivos de clase, políticos y nacionales. Algo parecido ocurrió en la década de los noventa en la antigua Yugoslavia. Y en la Alemania nazi, entre 1933 y 1945, fueron asesinados, en medio de la ceguera y de la dejadez occidental, seis y medio millones de judíos, sobre la base de la necesidad de una limpieza racial que librara a Alemania y a Occidente del virus judío. Todos son genocidios, sí, pero el Holocausto tuvo lugar en la civilización que todos suponían como la más avanzada del planeta; quienes lo perpetraron eran hombres y mujeres como Vd. y como yo; y quienes lo ejecutaron lo hicieron sin reparo, personas como nosotros que creyeron que estaban haciendo un bien a la humanidad. No hay civilización que esté libre del animal oscuro del totalitarismo que todos llevamos dentro. Y nuestra misión es evitar que ese animal abra sus fauces y nos devore…